Objetivos: La violencia es un fenómeno social complejo que abarca factores sociales, políticos, económicos y culturales. Este estudio se basa en la premisa de que la violencia no es uniforme, sino que se manifiesta de diversas formas que afectan de manera diferente a las personas, en especial a las mujeres, según diversas circunstancias, incluida la estructura familiar. Históricamente, las normas sociales han perpetuado la violencia contra las mujeres debido a roles de género desiguales y a estructuras patriarcales. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que un tercio de las mujeres a nivel mundial han experimentado algún tipo de violencia, ya sea física, psicológica o sexual, siendo la violencia doméstica la más común. Estas alarmantes cifras resaltan la necesidad de seguir investigando este problema desde diversas perspectivas para identificar mejor sus causas y consecuencias. El objetivo principal de este estudio es determinar la prevalencia de la violencia contra las mujeres según el tipo de familia al que pertenecen, en un asentamiento humano de Lima, Perú. Se busca comprender cómo las características familiares, como la composición y estructura del hogar, influyen en la frecuencia y las formas de violencia que enfrentan las mujeres. Este estudio tiene la intención de aportar datos relevantes que puedan servir de base para el diseño de políticas públicas y programas de intervención que sean más efectivos en la lucha contra la violencia de género, y que aborden no solo el problema de manera general, sino también a través de la lente de la estructura familiar.
Materiales y métodos: Para analizar la relación entre la violencia de género y los tipos de familia, se adoptó un enfoque cuantitativo de tipo correlacional. Este enfoque permitió realizar un análisis objetivo y detallado de la magnitud de la violencia y su relación con diferentes estructuras familiares. Se utilizó una muestra de 1,372 mujeres residentes en un asentamiento humano en Lima, seleccionadas mediante un proceso de muestreo aleatorio estratificado, lo que permitió que los distintos tipos de familia estuvieran debidamente representados en el estudio, garantizando una muestra diversa y representativa. Para la recolección de datos se emplearon dos instrumentos principales: encuestas estructuradas con escalas, diseñadas para medir y clasificar tanto la violencia doméstica como los tipos de familia. El primer instrumento se enfocó en identificar las formas de violencia sufrida por las mujeres, categorizando los episodios de violencia en física, psicológica, sexual y económica. El segundo instrumento permitió identificar las características del entorno familiar, clasificando a las familias en tres tipos principales: nucleares, extendidas y monoparentales. Estos instrumentos posibilitaron obtener información precisa sobre la frecuencia con la que ocurren las distintas formas de violencia según el tipo de familia. El estudio se realizó durante un período determinado, y se garantizó la confidencialidad de las participantes para proteger su seguridad e integridad, lo que ayudó a obtener resultados fiables y valiosos sobre esta problemática social.
Resultados: Los hallazgos revelan que la mayoría de las mujeres encuestadas tienen entre 50 y 60 años, están divorciadas o separadas, y tienen bajos niveles educativos, lo que refleja un contexto de vulnerabilidad social que podría contribuir a su mayor exposición a la violencia. La forma de violencia más prevalente es la psicológica, seguida de la violencia física. La violencia psicológica incluye comportamientos como insultos, humillaciones, amenazas y manipulación emocional, mientras que la violencia física abarca agresiones corporales, como golpes e incluso el uso de objetos. El estudio también muestra que la violencia ocurre predominantemente dentro del entorno familiar, con un mayor riesgo para las mujeres pertenecientes a familias nucleares y extendidas. Las mujeres que viven en condiciones de pobreza intermedia también presentan una mayor prevalencia de violencia en sus hogares, lo que sugiere que, además de la estructura familiar, las condiciones socioeconómicas desempeñan un papel importante en la perpetuación de la violencia. Este hallazgo es crucial para entender cómo las dinámicas de poder y control dentro del hogar, influidas por la pobreza, contribuyen a la violencia de género. Otro resultado relevante es que las mujeres de familias nucleares y extendidas son más afectadas por la violencia que aquellas de familias monoparentales. Esta diferencia podría explicarse por las dinámicas de poder y control que se ejercen dentro de estas estructuras familiares, donde los roles de género tradicionales están más arraigados y facilitan la violencia como un mecanismo de control y dominación sobre las mujeres.
Conclusiones: El estudio confirma la existencia de una prevalencia significativa de violencia de género, particularmente en sus formas psicológica y física, entre las mujeres que viven en asentamientos humanos. Las mujeres pertenecientes a familias nucleares y extendidas, y aquellas que viven en condiciones de pobreza intermedia, son las más afectadas por la violencia. Estos resultados subrayan que la estructura familiar es un factor clave para comprender la violencia de género, ya que las relaciones de poder dentro del hogar varían según el tipo de familia, lo que influye en la dinámica de violencia. El estudio destaca la importancia de investigar más a fondo la relación entre la violencia contra las mujeres y la estructura familiar, ya que es un área poco explorada en la literatura académica. Estos hallazgos son relevantes para las políticas públicas y las intervenciones comunitarias, ya que indican que las estrategias de prevención de la violencia deben tener en cuenta las características específicas del entorno familiar de las mujeres. No solo es necesario abordar la violencia de género de manera general, sino también considerar las particularidades de las estructuras familiares en las que viven las víctimas. En este sentido, se recomienda que las políticas públicas y los programas de intervención se adapten para abordar las dinámicas familiares específicas que perpetúan la violencia. Es esencial educar a las familias sobre la igualdad de género, promover la autonomía económica de las mujeres y brindar apoyo psicológico y legal a las víctimas. Asimismo, es fundamental que las políticas públicas consideren las características demográficas y sociales de las mujeres más vulnerables a la violencia, para ofrecer soluciones que sean efectivas e inclusivas. Este estudio ofrece una mejor comprensión de la relación entre la violencia de género y los tipos de familia, mostrando que la estructura familiar es un indicador importante en la prevalencia y las formas de violencia que sufren las mujeres. Se espera que estos hallazgos contribuyan al diseño de políticas y programas más efectivos en la prevención y erradicación de la violencia de género en contextos de vulnerabilidad social.