Objetivos: Este estudio analiza la pobreza desde tres perspectivas: económica, social y filosófica, comparando sus manifestaciones en América Latina y Europa. Se examina cómo las tasas de interés y la bancarización pueden perpetuar o mitigar la pobreza. El análisis económico vincula políticas crediticias e índices de pobreza; el social evalúa los impactos sobre comunidades vulnerables; y el filosófico cuestiona los conceptos tradicionales de pobreza, proponiendo visiones que integren dimensiones materiales y existenciales. El objetivo es formular recomendaciones de política pública que aborden la pobreza material y la pobreza espiritual asociada a la alienación en sociedades consumistas.
Materiales y métodos: Se empleó un diseño mixto. El componente cuantitativo incluyó un análisis comparativo (2013-2023) de tasas de interés, coeficientes de Gini e indicadores de pobreza multidimensional con datos oficiales, aplicando pruebas estadísticas para identificar correlaciones significativas. El enfoque cualitativo incorporó hermenéutica fenomenológica para comprender experiencias vividas y análisis crítico del discurso para deconstruir marcos conceptuales de las políticas financieras. Estas técnicas se complementaron con perspectivas filosóficas y teorías psicológicas sobre los efectos cognitivos de la escasez.
Resultados: Los hallazgos muestran contrastes regionales. En América Latina, las altas tasas de interés (22-26 %) se correlacionan con desigualdad elevada (Gini 0,48-0,49) e índices de pobreza multidimensional cercanos al 19 %, lo cual evidencia que la inclusión financiera puede profundizar la dependencia económica si no está regulada. Europa presenta tasas menores y desigualdad reducida, aunque con disparidades persistentes. El análisis cualitativo revela tensiones entre entender la pobreza como imposición estructural o como opción ética frente al consumismo.
Conclusiones: La superación de la pobreza exige intervenciones integrales. Es necesario regular tasas de interés y prácticas financieras predatorias, complementar políticas redistributivas con transformaciones culturales que contrarresten la alienación consumista y promover valores comunitarios. Solo un enfoque que reconozca necesidades materiales y dimensiones existenciales permitirá avanzar hacia un bienestar más justo y sostenible.