Madrid, España
La inercia administrativa mata. Mata la creatividad, mata la iniciativa personal, mata la práctica que intenta ir más allá. A veces, porque como profesional de un medio, el que sea, caes en ella de manera inevitable. La vida te lleva. El día a día se impone. No se te ocurre eso de que las cosas pueden hacerse de otra manera. Otras, porque la presión del grupo se impone. Cuesta mucho salirte del criterio habitual. Manda el miedo a disentir que tiene mucho que ver con el bienestar laboral, ese sentimiento de pertenecer a un grupo que tanto bien psicológico nos hace. Si esto pasa a nivel general, mucho más en una institución cerrada como la prisión, donde los roles están muy marcados y las posiciones profesionales previa y prejuiciosamente definidas. Os hago una propuesta que me hicieron unos compañeros —el mérito es de ellos—. Veamos la norma desde otra perspectiva.