Estamos asistiendo a una auténtica revolución científica y tecnológica. En los últimos años hemos comenzado a dominar el mundo microscópico, regido por las leyes de la física cuántica, lo que nos permite realizar experimentos y observar fenómenos que hasta hace poco parecían sacados de películas de ciencia ficción.
Pero, más allá de poder investigar comportamientos extraordinarios, el verdadero alcance de estos avances es mucho más profundo: nos abren la puerta a una forma radicalmente distinta de procesar la información. Esto está generando unas expectativas tan enormes como fascinantes sobre el futuro de las tecnologías de la información y, en particular, de la computación.