El sector financiero es esencial para el funcionamiento de la economía, en un contexto en el que los mercados están interconectados a nivel internacional. Se han alcanzado también avances destacables en la creación del mercado interior europeo, que —a día de hoy— aún no ha sido completado. n la actualidad, el sector se encuentra en profunda transformación. La regulación es necesaria para mantener la estabilidad del sistema y proteger los intereses de depositantes, inversores y acreedores. El sector no puede descansar en una mera regulación de principios, ni mucho menos en la autorregulación. El acceso al mercado se supedita a la previa obtención de una autorización, que permite realizar un control preventivo de una actividad sujeta a la libertad de empresa. La supervisión prudencial y macroprudencial resulta capital. En casos de excepcional gravedad, las autoridades administrativas tienen facultades de intervención, resolución y rescate de entidades financieras en crisis.