La construcción de la Hidroeléctrica de Chixoy en Guatemala, un megaproyecto destinado a reducir la dependencia energética del país, fue acompañada de actos de genocidio en contra de comunidades indígenas en el área. Este artículo reconstruye sus efectos demográficos para la población de Río Negro en Guatemala entre 1982 y 2015. Aquí, sostengo que el uso de una perspectiva de parentesco para estudiar el genocidio guatemalteco proporciona valiosos conocimientos sobre: 1) cómo el exceso de mortalidad afecta a la exposición a la pérdida de parentesco, y 2) cómo la situación de pérdida puede contribuir a la reproducción de la memoria histórica a largo plazo. Exploro ambos procesos utilizando una base de datos genealógica única, ya que registra la historia demográfica completa de Río Negro. El análisis muestra que las muertes derivadas del genocidio de 1982 estuvieron equilibradas por edad, género y estatus socioeconómico. Un tercio de la población fue asesinada, pero dos tercios sufrieron la pérdida de algún pariente (el 10% de las personas afectadas perdieron el 30% de los integrantes de su familia nuclear y el 23% de su familia extensa). Cabe destacar que la proporción de la población relacionada con una víctima no cambió entre 1983 y 2015. El legado del genocidio asociado a la Hidroeléctrica de Chixoy perdura entre los sobrevivientes y sus descendientes y constituye, hoy, un componente imprescindible para la memoria histórica nacional.