Santander, España
En estas líneas se pretende llevar a cabo un somero análisis de la profunda reforma introducida por la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, que ha revolucionado e! panorama de los medios adecuados de solución de controversias (MASC) en España. En el número anterior de este Anuario, mediante una analogía mitológica, se exploraba escépticamente cómo la mediación —tras escapar de un ciclo interminable de esfuerzos legislativos fallidos al estilo del bucle de Sísifo- afrontaba el espejismo de una victoria. El espejismo se ha hecho realidad con la aprobación de la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia. La nueva ley reconoce por fin la importancia de la resolución dialogada de conflictos e impone la obligación de intentar un MASC antes de litigar, introduciendo figuras como la conciliación, la negociación asistida, la oferta confidencial, la opinión de experto independiente o el derecho colaborativo. Sin embargo, junto con los avances, surgen dudas: ¿ha consolidado esta reforma la posición de la mediación o la ha diluido entre “manganas doradas” de nuevos métodos, restándole protagonismo, a pesar de su probada eficacia? Sin duda, deben examinarse esta transformación legal y su impacto en la mediación para averiguar si estamos ante un avance definitivo o simplemente una mera trampa que perpetúa el esfuerzo por extender el uso de la mediación.
These lines analyse the sweeping reform introduced in Spain by Organic LO. 1/2025, which has reshaped the landscape of adequate means of dispute resolution (MASC) in Spain. In the previous issue of this yearbook, using a mythological analogy, we skeptically explored how mediation—after escaping a Sisyphus-like cycle of endless, futile legislative efforts—seemed to he fating the mirage of victory. That mirage mate¬rialised with the enactment of LO 1/2025 on measures to enhance the efficiency of the public justice service. The new law finally recognises the importance of dialogic conflict reso¬lution and makes it mandatory to attempt a MASC before litigating, inlroducingfigures such as conciliation, assisted negotiation, confidential offers, independent expert opinions, and collaborative law. Yet doubts accompany these advances: has the reform consolidated the position of family mediation, or has it diluted it among the "golden apples” of new methods, diminishing its visibility despite its proven effectiveness? Definitely, this legal transformation and its impact on mediation must be scrutinized to determine whether it represents a decisive step forward or merely a trap that perpetnates the ongoing struggle to expand the use of mediation.