El reducido tamaño de la pyme española se traduce en menos competitividad y mayor vulnerabilidad ante el fortalecimiento de los riesgos globales. De forma que resulta prioritaria la generación de un contexto que favorezca su crecimiento. Sin embargo, proliferan los obstáculos y desincentivos al crecimiento, sobresaliendo los provenientes del ámbito normativo que se encuentra caracterizado por su complejidad, las crecientes cargas administrativas y su falta de proporcionalidad desde la perspectiva de la pyme que sufre el “efecto escalón” existente en muchas regulaciones. Además, la fiscalidad, el déficit de talento, la falta de relevo generacional y los fallos de mercado en cuanto a la financiación engrosan los principales obstáculos al crecimiento empresarial.