El mundo actual experimenta una tendencia cre-ciente hacia la individualización. El alejamiento de la esfe-ra pública y el repliegue hacia la esfera íntima y privada son dos componentes esenciales de la cultura del individualismo. La participación en la esfera pública resulta poco atractiva en tanto que exige dedicación y esfuerzo, y ni siquiera ya es perci-bida como un deber social en una época en la que el trabajo, el desarrollo profesional o el ocio ocupan la centralidad frente a los intereses colectivos. De ahí se deriva el concepto de una `so-ciedad íntima ́ conformada por individuos y no por ciudadanos. La creciente desafección institucional y política de una parte de la ciudadanía lastra y frustra, a su vez, el deseo de participar en cualquier actividad social: la creciente brecha existente entre las élites que toman las decisiones públicas y los ciudadanos gobernados, la sensación de desengaño de lo público y la ma-nifestación de la decepción reflejan un profundo sentimiento de impotencia que condiciona negativamente el deseo de participar en la gestión de lo público.Lo anterior contrasta paradójicamente con el hecho de que las sociedades modernas ya no pueden entenderse únicamente sobre la base de los individuos: la emergencia de nuevas lógicas e funcionamiento y organización social, y sus propias dinámi-cas, enfrentan a las sociedades modernas con problemas y posibi-lidades que trascienden los de los individuos, lo que exige superar esa concepción atomista e individualista predominante del es-pacio social. Los principales problemas públicos de la sociedad actual son complejos y retorcidos. Se requiere así reinventar la gobernanza de lo público para poder afrontar los retos y desafíos de una sociedad compleja inmersa en un contexto de creciente in-certidumbre e inseguridad. Los nuevos paradigmas de gobernanza pública exigen obligatoriamente la participación de los distintos actores que conforman la sociedad, y especialmente la colabora-ción de los ciudadanos y las ciudadanas. Pero ¿cómo hacerlo en el contexto anteriormente descrito de atomización y aislamiento social, desafección hacia la esfera pública y distanciamiento de la vida pública? Este trabajo ofrece una reflexión sobre cómo la innovación social puede, a través de algunas de sus aplicaciones prácticas recientemente emergidas, ayudar a la ciudadanía a in-volucrarse en la vida pública y en la adopción de las decisiones colectivas: ¿puede la innovación social revertir esta situación y promover un fortalecimiento de la ciudadanía en la vida pública que supere esa tendencia individualizadora preexistente?
oday's world is experiencing a growing trend to-ward individualization. Distancing oneself from the public sphere and retreating into the intimate and private sphere are two essential components of the culture of individualism. Par-ticipation in the public sphere is unattractive because it requires dedication and effort, and is no longer even perceived as a social duty in an era in which work, professional development, or lei-sure take center stage over collective interests. This gives rise to the concept of an “intimate society” made up of individuals rather than citizens. The growing institutional and political disaffection of a section of the citizenry, in turn, weighs down and frustrates the desire to participate in any social activity: the growing gap between the elites who make public decisions and the citizens they govern, the feeling of disillusionment with the public sphere, and the expression of disappointment reflect a deep sense of powerlessness that negatively affects the desire to participate in the management of public affairs.This contrasts paradoxically with the fact that modern so-cieties can no longer be understood solely based on individuals: the emergence of new logics of social functioning and organiza-tion, and their own dynamics, confront modern societies with problems and possibilities that transcend those of individuals requiring us to overcome the prevailing atomistic and individu-alistic conception of social space. The main public problems of today's society are complex and convoluted. It is therefore nec-essary to reinvent public governance in order to face the chal-lenges of a complex society immersed in a context of growing uncertainty and insecurity. The new paradigms of public gov-ernance necessarily require the participation of the different ac-tors that make up society, and especially the collaboration of citizens. But how can this be done in the context described above of atomization and social isolation, disaffection with the pub-lic sphere, and distancing from public life? This paper offers a reflection on how social innovation, through some of its recent-ly emerged practical applications, can help citizens become in-volved in public life and collective decision-making. Can social innovation reverse this situation and promote a strengthening of citizenship in public life that overcomes this pre-existing ten-dency toward individualization?