Con su promesa de conciliar agricultura y producción de electricidad a partir de la luz solar, la energía agrovoltaica ha experimentado en Francia un desarrollo espectacular. No obstante, tras la ambición ecológica que declara yace el apetito financiero de las empresas energéticas. La permisividad normativa corre el riesgo de sacrificar tierras y paisajes en nombre del crecimiento, dejando las migajas de los ingresos a un sector agrícola dividido al respecto.