A fuerza de aparecer en miles y miles de artículos, la etiqueta “made in China” adherida a los objetos más cotidianos ha acabado por perder todo significado geográfico. De Nueva York a Moscú, pasando por París o Abiyán, estas tres palabras flotan como un marbete abstracto. Pero tras ellas se encuentra una ciudad bien real al sur de Shanghái.