El presente artículo surge a partir de la experiencia desarrollada durante la rotación en el área de Cuidados Paliativos del Hospital Dr. Cosme Argerich (dependiente del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en el marco de la Residencia de Nutrición en Salud Pública y Comunitaria.
A lo largo de esta práctica se identificaron diversas problemáticas vinculadas con la alimentación de las personas que transitan una enfermedad oncológica, así como las tensiones que emergen entre los usuarios y sus redes de apoyo. La alimentación, más allá de su dimensión biológica, adquiere un valor simbólico, cultural y emocional que impacta en la calidad de vida. En este contexto, conceptos como duelo alimentario y distress alimentario permiten comprender el sufrimiento asociado a la pérdida del placer por comer, los conflictos familiares y la ruptura de la comensalidad.
Desde el rol profesional se destaca la importancia de desarrollar estrategias comunicacionales basadas en la escucha activa, el respeto por la autonomía y la construcción de decisiones compartidas. El análisis invita a reflexionar sobre la práctica nutricional en cuidados paliativos, promoviendo intervenciones que reconozcan los significados que la alimentación adquiere al final de la vida y que prioricen el bienestar integral, el acompañamiento empático y la humanización del cuidado.