La Unión Europea debe posicionarse ante el cambio tecnológico con políticas públicas activas encaminadas a consolidar un mundo gobernado por reglas y no por la ley del más fuerte. Esto exige fuertes inversiones para no quedar descolgada de las otras potencias, a la vez que se establece un control democrático eficaz para debatir y regular los riesgos asociados a las nuevas tecnologías, que profundice en la protección de la ciudadanía. Sin embargo, la Unión Europea continúa dependiendo de productos estadounidenses opacos, sesgados y controlados por entidades privadas.