En diciembre de 2023, se alcanzó el acuerdo político final sobre la Ley de Inteligencia Artificial bajo la presidencia española de la Unión Europea. Europa se convirtió así en la primera jurisdicción del mundo en contar con un marco regulatorio integral y vinculante para la Inteligencia Artificial. Pero ¿qué significa realmente este logro? ¿Es una barrera al progreso o una garantía de que el progreso sea compatible con los derechos humanos? Para algunos, la Ley de Inteligencia Artificial es un obstáculo burocrático que frenará la innovación europea. Para otros, es un modelo a seguir: países como Canadá, Japón, Corea del Sur o Singapur elaboraron leyes nacionales inspiradas en la europea. Sin embargo, hay un eslogan que circula en los foros tecnológicos y geopolíticos con insistencia:
Estados Unidos inventa, China copia, Europa regula. ¿Es esta descripción precisa? ¿O es una narrativa conveniente que oculta una realidad mucho más compleja?