El "poder" en los países democráticos ha sido una prerrogativa de los Estados, siempre condicionados por los intereses del capital, que sistemáticamente ha conseguido inclinar el "poder" en su beneficio. Para ello ha venido utilizando, entre otros mecanismos, las revoluciones tecnológicas, generadas normalmente con el apoyo y financiación de los poderes públicos. Todas las revoluciones tecnológicas han implicado cambios en las relaciones técnicas y sociales de producción, beneficiando a unos sectores u otros del capital. En el momento actual, las empresas implicadas en la revolución digital, la Inteligencia Artificial generativa y la Inteligencia Artificial física (automatización y robótica) están influyendo y condicionando los mecanismos de poder económico, político, militar, social o cultural, produciendo uno de los cambios más profundos en la estructura de poder desde la Revolución Industrial.