Los espacios donde desarrollamos nuestras vidas no son neutros, están construidos desde una perspectiva androcéntrica y capitalista y reproducen, legitiman y perpetúan desigualdades y relaciones de poder que son estructurales. La vivienda es un espacio indispensable en el que desarrollamos una gran parte de nuestras actividades cotidianas, es refugio y espacio de socialización y cuidados, y la puerta de acceso para muchos derechos como la educación o la salud.