El artículo contiene un análisis prospectivo del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, centrado en la relación entre la política y la estrategia y en la ausencia de una clara situación final deseada. A partir de la identificación de las fuerzas motrices que lo condicionan, como son la resiliencia del régimen iraní, la convergencia político-estratégica entre Estados Unidos e Israel y el grado de escalada regional, se determinan las principales incertidumbres críticas que influyen en su evolución. Las hipótesis que se formulan apuntan hacia una guerra de carácter híbrido, prolongada y de difícil resolución decisiva, marcada, además, por la divergencia estratégica entre los actores occidentales y por la capacidad adaptativa de Irán. El proceso de análisis conduce a la construcción de tres escenarios, el plausible, el alternativo y el de mayor peligro, los cuales reflejan las distintas trayectorias posibles, desde una contención inestable hasta una escalada regional de gran alcance. En conjunto, el estudio sitúa el conflicto como expresión de transformaciones estructurales del sistema internacional, caracterizado por la erosión de la gobernanza global, la fragmentación de alianzas y la primacía de la lógica de poder.