Miguel Ángel Encinar del Pozo, María Ángeles Villegas García
En este trabajo entonamos un mea culpa: en muchas ocasiones, los jueces redactamos las resoluciones como si quisiéramos que sólo las entendieran quienes las escriben, lo que crea una barrera que aleja al ciudadano de la justicia. Partiendo de la necesidad de superar esa forma de comunicarnos, este artículo explica el formato de «lectura fácil», una metodología que adapta las resoluciones a un lenguaje claro y accesible, sin desnaturalizar su contenido. Su objetivo es garantizar que las personas con dificultades de comprensión puedan entender qué decide un tribunal y cómo les afecta. Además, se analizan varias sentencias de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo que, en una experiencia pionera, ha ordenado la adaptación a este formato, para asegurar el ejercicio efectivo de los derechos procesales.