En la antigua Roma, las mujeres estaban lejos de disfrutar de plena libertad legal. Por el simple hecho de su nacimiento, carecían de los privilegios otorgados al hombre, el verdadero protagonista de las relaciones jurídicas y familiares. Para comprender su estatus legal, es esencial examinar las diversas formas de potestasa las que estaban sometidas. Este análisis culmina con la institución de la tutela mulierum (tutela de las mujeres), una característica ineludible de la vida femenina durante siglos. Considerada indispensable para tutelar a un sexo percibido como débil dentro de un sistema patriarcal y discriminatorio por razón de sexo, la tutela mulierum persistió en el ámbito jurídico de las mujeres. Con el tiempo, se convirtió en una institución obsoleta y en desuso (periclitada), aunque nunca fue formalmente derogada, manteniendo así la apariencia de su relevancia y evitando el reconocimiento oficial de su irrelevancia práctica.