La libertad de elegir cómo vestirnos, hoy asumida como un gesto cotidiano, es el resultado de un proceso histórico complejo, especialmente en el caso de las mujeres. Durante siglos, la indumentaria femenina ha estado regulada por estrictas normas morales, religiosas y jurídicas que han condicionado su comportamiento y limitado su autonomía personal. Durante muchos años, vestirse no ha sido una elección individual, sino una práctica vigilada que debía transmitir obediencia, modestia, conformidad y roles de género establecidos. En este sentido la moda no constituye únicamente una cuestión estética, sino un espacio donde se han manifestado desigualdades, relaciones de poder y la existencia, o ausencia, de derecho. Precisamente, el análisis histórico de la vestimenta femenina revela que los cambios en la moda han respondido a dinámicas creativas pero muy especialmente a transformaciones y restricciones sociales, jurídicas y culturales que controlaban la apariencia de las mujeres en el espacio público y su participación en la vida social. En este artículo se analiza cómo la moda ha reflejado a lo largo del tiempo los “derechos” y “no derechos” de las mujeres. También se examina la relación entre los cambios legislativos y las transformaciones culturales mostrando cómo la moda ha dejado de ser un mecanismo de imposición para convertirse en un ámbito de expresión, identidad y resistencia.