En las últimas semanas, a raíz de la muerte de un militante de ultraderecha a resultas de una pelea con un grupo de antifascistas, los grandes medios de comunicación franceses se han complacido en presentar a la izquierda radical como un nuevo fascismo, intolerante, faccioso y violento. Este juego de prestidigitación simbólica oculta la existencia de una extrema derecha identitaria y abiertamente hostil que se promueve en las redes sociales, consolida sus bastiones y cultiva un ideal de reconquista brutal.