En Kazajistán, el 68% de las exportaciones dependen de “monociudades”, núcleos industriales asentados sobre reservas geológicas excepcionales. Construidas en tiempos de la Unión Soviética en torno a grandes fábricas que proporcionaban servicios a la población, hoy se deterioran debido al saqueo de inversores rapaces. Como consecuencia, las condiciones de trabajo de obreros siderúrgicos y mineros empeoran.