La crisis constitucional europea, que se manifiesta en el modesto papel internacional que está desempañando la Unión Europea, está agudizada en la actualidad por el sometimiento del Partido Popular Europeo a la extrema derecha del continente y de Estados Unidos. La Comisión Europea, con su presidenta von der Leyen al frente, se ha plegado a las órdenes de Trump, por destructivas, atrabiliarias y humillantes que éstas sean. Para conjurar esta deriva, Europa necesita una transformación constitucional que acentúe y haga visible el principio democrático y, al mismo tiempo, pueda implementar políticas públicas comunes y beneficiosas para todos los ciudadanos.