El siglo veinte, y muy especialmente los años de las dos guerras mundiales, fueron años difíciles, años de transición de cambios civilizatorios y trágicos. Desde ese mismo periodo quedó claro que el siglo veinte sería una mezcla confusa de situaciones de emergencia, desastres, improvisaciones y soluciones artificiales. En 1914, y en pocas semanas, se cambia desde una corriente apacible -al menos aparentemente- a un torrente de aguas turbulentas. Con los cambios económicos y políticos de entreguerras, los pesimistas y los que creían en un estancamiento tenían buenas razones para sentirse desanimados. Eran los realistas. La República de Weimar nació en plena crisis de la primera postguerra mundial, en una Alemania derrotada que tendría que asumir las imposiciones económicas, singularmente duras (y en algún caso casi de imposible cumplimiento), que como potencia vencida se establecían en el Tratado de Versalles. Otto Kirchheimer se mostró especialmente crítico con la República de Weimar y su legalidad formal, y lo hizo de forma ciertamente lúcida y controvertida en sus planteamientos en una época trágica de crisis de la República de Weimar y de intenso debate intelectual; una verdadera "fábrica de ideas", y al mismo tiempo una anticipación del modelo de constitucionalismo social de la segunda postguerra mundial. Un constitucionalismo que entrañaría una línea disruptiva respecto del constitucionalismo tradicional sustentado en la ideología liberal. Es también un elemento esencial de toma de conciencia en los países civilizados sobre los fundamentos de la propia existencia política. No se olvide que Kirchheimer prestó una especial atención a las transformaciones del Estado moderno y al sistema de partidos.
The twentieth century, and especially the years of the two world wars, were difficult years, years of transition marked by civilizational changes and tragedies. From that very period, it became clear that the twentieth century would be a confusing mix of emergencies, disasters, improvisations, and artificial solutions. In 1914, in just a few weeks, things changed from a peaceful current—at least apparently—to a torrent of turbulent waters. With the economic and political changes of the interwar period, pessimists and those who believed in stagnation had good reason to feel discouraged. They were the realists. The Weimar Republic was born in the midst of the crisis of the first post-war period, in a defeated Germany that would have to assume the singularly harsh (and in some cases almost impossible to fulfil) economic impositions established in the Treaty of Versailles as a vanquished power. Otto Kirchheimer was particularly critical of the Weimar Republic and its formal legality, and he did so in a lucid and controversial manner in his proposals during a tragic period of crisis for the Weimar Republic and intense intellectual debate; a true “idea factory,” and at the same time a foreshadowing of the model of social constitutionalism of the post-World War II era. A constitutionalism that would entail a disruptive break with traditional constitutionalism based on liberal ideology. It is also an essential element of awareness in civilized countries about the foundations of their own political existence. It should not be forgotten that Kirchheimer paid special attention to the transformations of the modern state and the party system.