Robert J. Lopez
Desde hace décadas, niños nacidos en Estados Unidos recogen fruta en California junto a sus padres inmigrantes. Las luchas sindicales de los años sesenta y setenta les permitieron conquistar algunos derechos. Pero no los suficientes para vivir con dignidad, protegidos de los accidentes laborales y de la exposición a pesticidas. A esa precariedad se suma ahora el miedo constante a que la policía migratoria expulse a sus padres.