Constantin Brissaud
Los sistemas de protección social instaurados por numerosos países tras la Segunda Guerra Mundial concebían la salud como una condición necesaria para el bienestar. Ocho décadas después, ya no aparece en los discursos públicos ni en los medios más que como un “gasto” contable. Entre tanto, se libró —y se perdió— una sorda batalla en las instituciones internacionales.