Estados Unidos
Frente al conocimiento ecológico ejemplar del decrecimiento económico ante la catástrofe planetaria, que resuena a través de un gran número de obras sobre la imperativa de restringir la incesante extracción de la biosfera, Florida ha apostado a favor del implacable crecimiento de sus principales sectores económicos. La inversión en agrocapital, por ejemplo—notablemente azúcar y fosfato—, avanza incesantemente, a pesar de las claras consecuencias ecológicas de la continua inversión en tales economías extractivas; así como los impactos perjudiciales para las comunidades Afrocaribeñas y Latinx de clase trabajadora, muchas de las cuales trabajan en el corredor agrícola del estado o en las canteras que flanquean Miami. Como ejemplo del desarrollo desequilibrado, y a lo que los críticos se han referido como desastre desequilibrado, la ciudad de Miami ilustra de forma incisiva las lógicas de colonización que durante mucho tiempo han atraído a especuladores a las biorregiones del centro y sureste del estado. Y es en Miami en la que me centro al considerar los impactos desastrosos del agrocapitalismo (y, más ampliamente, del desarrollo industrial desenfrenado) en una era cada vez más definida por cambios cataclísmicos en el clima global y local. En concreto, en este ensayo examino el libro/poema "Losing Miami", de Gabriel Ojeda-Sagué, para explorar los impactos de los ineficaces esquemas de desarrollo en el precariado de la costa de Miami. Aunque, como también argumentaré, "Losing Miami" no es simplemente una crítica, es una provocación. Lo que denomino el “lirismo de calcita” de Ojeda-Sagué ofrece un vehículo productivo para reflexionar sobre las violentas historias de Jim Crow y sobre el papel de la propiedad privada en la producción e la ciudadanía; y, asimismo, presenta la posibilidad de que el hundimiento del endoesqueleto de Miami pueda estar preparado para el desarrollo de coaliciones frente al desastre inminente.
Against the principled ecological wisdom of economic degrowth in the face of planetary catastrophe, echoed throughout a capacious archive of work on the imperative to restrict the ceaseless extraction of the biosphere, the sunshine state has doubled down on relentless growth in its primary economic sectors. Investment in agrocapital, for example—most notably sugar and phosphate—moves forward relentlessly, despite the clear ecological consequences of continued investment in such extractive economies; so too, their deleterious impacts on the state’s largely Afro-Caribbean and Latinx working class, many of whom work in either the state’s agricultural corridor or in the rock quarries that flank Miami. As an example of uneven development, and what critics have lately termed uneven disaster, the city of Miami incisively illustrates the settler logics that have long drawn speculators to Florida’s central and southeastern bioregions; and it is to Miami that I shall draw my attention when considering the disastrous impacts of agrocapitalism (and unchecked industrial development more broadly) in an era increasingly defined by cataclysmic shifts to global and local climate. Specifically, in this essay I examine Gabriel Ojeda-Sagué’s book-length poem “Losing Miami” in order to explore the impacts of Florida’s feckless development schemes on Miami’s coastal precariat. Although, as I shall also argue, “Losing Miami” is not merely a critique; it is a provocation. What I term Ojeda-Sagué’s “limestone lyricism” offers both a productive vehicle for thinking through the violent histories of Jim Crow, and the role of private property in the production of citizenship; and it likewise presents the possibility that Miami’s sinking endoskeleton may be ripe for coalition-building in the face of imminent disaster.