En un mundo caracterizado por la hiperconectividad, la sobreinformación, la polarización y la aceleración de los cambios sociales, tecnológicos y climáticos, el pensamiento crítico y sistémico se ha convertido en una competencia esencial para la vida personal, profesional y ciudadana. No se trata solo de una herramienta intelectual para resolver problemas, sino de una forma de interpretar la realidad, tomar decisiones y actuar con mayor profundidad, responsabilidad y conciencia. También en las organizaciones.