En el presente artículo se lleva a cabo un análisis comparativo de los films Weekend (Jean-Luc Godard, 1967) y Memorias del Subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968) con el objetivo de explorar cómo ambos se valen de elementos formales y estéticos para expresar la subjetividad política en el contexto revolucionario de los sesenta. Basándonos en los postulados de la imagen-tiempo de Gilles Deleuze, se examinará cómo los productores representan la desintegración de la identidad burguesa, un paso necesario para alcanzar la creación del «Hombre Nuevo». A través del análisis textual, de la estructura narrativa, y de técnicas cinematográficas como la edición o el sonido, este trabajo pretende demostrar cómo los elementos formales pueden convertirse en herramientas para la crítica ideológica. Por una parte, en el film de Godard se anticipa la agitación social que estallará en Francia en mayo de 1968, representando el colapso de los valores capitalistas, y por otra, la película de Gutiérrez Alea encuentra como punto de partida la Cuba post-revolucionaria donde el principal desafío es eliminar las reminiscencias del antiguo sistema burgués. En ambos casos, el cine funciona tanto como un campo de representación como de acción política, instando al espectador a poner en cuestionamiento sus posicionamientos ideológicos. De este modo, se postula que el cine puede convertirse en una práctica transformadora y una herramienta poderosa para interpelar a los espectadores y así participar de manera directa en cambios sociopolíticos.
This article compares the films Weekend (Jean-Luc Godard, 1967) and Memorias del Subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968) to explore how both movies use aesthetic form to express political subjectivity in the revolutionary context of the 1960s. Drawing on Gilles Deleuze’s idea of the time-image, it examines how each filmmaker portrays the disintegration of bourgeois identity, a necessary step toward the creation of the «New Man». Through close textual analysis, the narrative structure, and cinematographic techniques such as the editing and sound, the study shows how formal elements can become tools of ideological critique. While Godard’s film anticipates the social unrest that would erupt in France in May 1968, depicting the breakdown of consumerist and capitalist values, Gutiérrez Alea’s film speaks from within a post-revolutionary Cuba, where the challenge is to eliminate the traces of the old bourgeois order. In both cases, cinema functions not only as a site of representation but also as a site of political action, urging the spectator to confront their own ideological position. Thus, it is argued that cinema can become a transformative practice and a valuable tool to interpellate the spectators and directly participate in sociopolitical changes.