Yayo Herrero
Los seres humanos atravesamos un momento de encrucijada. La crisis ecológica que se viene anunciando desde hace decenios actúa como vector de fondo de una policrisis social, política, de erosión de la democracia y de sentido que está provocando el desmoronamiento del orden construido después de la Segunda Guerra Mundial. Las consecuencias son devastadoras. Caos climático, escasez de bienes finitos, precariedad, erosión de la democracia, graves ataques contra los derechos humanos y económicos, guerras, migraciones forzosas, extractivismo y expulsión… Todas estas dimensiones de la crisis están interconectadas y apuntan a las mismas causas estructurales: el orden económico, social y cultural dominante se ha desarrollado en contraposición a las bases que permiten sostener el conjunto de la vida.
Responder desde enfoques de derechos y de justicia a la crisis ecosocial exige impulsar profundas transformaciones que corrijan las tendencias de fondo, palíen los escenarios que proyectan los diferentes estudios y diagnósticos y tengan como prioridad la garantía de derechos y cobertura de necesidades. Resulta urgente acometer una transición ecosocial justa. Los ecofeminismos pueden proporcionar conocimiento y práctica que permitan comprender el momento que vivimos y proyectar el presente y el futuro, priorizando firmemente la sostenibilidad de todas las formas de vida. Las transiciones requieren una metamorfosis social, política y cultural que afecta a todas las escalas territoriales y de convivencia. Se trata de una revolución radical y humilde que permita destaponar las visiones distópicas sobre el futuro y el propio presente que comienzan a instalarse. Ni el presente ni el futuro están predeterminados ni escritos. Existen medios, capacidad y potencialidad para poner en marcha un proyecto que salga de la trampa que obliga a elegir entre economía o vida.