La inteligencia artificial (IA) no reemplazará al Derecho, pero sí a los abogados que no la comprendan. La IA automatiza tareas repetitivas, obligando a los abogados a repensar su aportación real. El desafío es ontológico: ¿cómo será la abogacía cuando IA pueda interpretar y aplicar leyes? Aunque la IA amplifica el juicio humano, los despachos deben aprender a colaborar con ella, vigilando sesgos y garantizando principios éticos.