Los clásicos son como los amigos que han formado en algún momento parte de tu vida, que te marcaron, que te enseñaron, que dejaron un poso, unas complicidades compartidas, pero que ahora, se encuentran lejos. Para nosotros, los clásicos, han sido nuestra brújula, nuestra columna vertebral emocional, que nos ha ayudado a vivir armónicamente unas veces, desafinando otras, pero siempre con autenticidad. Y nos aportan una cierta dosis de trascendentalidad. Cuando mueren las palabras, cuando se olvidan, tras su desaparición, queda la nada o la belleza y el esplendor. Tras ellas, cuando llega el olvido queda el conocimiento interno, la intuición, el sentimiento reposado, lo que da sentido a la vida… Y nos da alegría, nos quita tristeza. Todos esos estados del alma nos acompañan… y cuando uno entra en esa sintonía, con la mente, con el corazón, ahí funciona todo, se alinea uno con un poder que no se puede definir, es sentir formar parte de algo que te arropa y acompaña… ahí funciona todo, tiene sentido. Mantener esa conexión con los clásicos, es lo más grande del arte y de la belleza: es revalioso. Por eso, si hemos conseguido, aunque sea por unos momentos durante alguna de estas catorce colaboraciones, hacer que los clásicos lleguen a sus corazones, habremos cumplido nuestra misión, y probablemente perdurarán para siempre en sus vidas… porque así ha sido, y será, durante muchos siglos…