A la oralidad no se la tiene, con razón, por un principio general del procedimiento administrativo. Lo cual no puede dejar de chocar cuando se contrasta con el proceso judicial y se consideran las virtudes atribuidas por la doctrina procesalista a la tramitación oral en lo que a mejora de la contradicción y de eficiencia del sistema de justicia, se refiere. Ocurre, por otra parte, que la tecnología ha traído fórmulas de comparecencia a distancia, removiendo obstáculos de la realización verbal de vistas y audiencias. Y otro tanto con la constancia, que ha debilitado tradicionalmente el reclamo de la oralidad. Siendo esto así, parece oportuno preguntarse si en el genus de la actividad administrativa formal podría sacarse más provecho de la oralidad y si podría tener un peso específico en el diseño de los procedimientos administrativos. No faltan referencias y algunas aperturas en nuestra ley procedimental, pero, no obstante, en torno a la oralidad se ha ido instalando un aire de reserva y prevención que dificulta el desarrollo de un discurso en positivo, que, a pesar de que no ha de servir para reclamar su condición de principio, sí está en grado de despejar nuevas sendas que vale la pena, cuanto menos, explorar.
Orality is not regarded, rightly so, as a general principle of administrative procedure. This cannot help but be striking when contrasted with judicial proceedings and when considering the virtues attributed by procedural doctrine to oral processing in terms of enhancing contradiction and the efficiency of the justice system. It also happens that technology has brought about remote appearance methods, removing obstacles to the verbal conduct of hearings and sessions. The same applies to record-keeping, which has traditionally weakened the appeal of orality. Given this, it seems appropriate to ask whether in the realm of formal administrative activity more could be made of orality and whether it could hold a specific weight in the design of administrative procedures. References and some openings exist in our procedural law, but nonetheless, an air of reservation has developed around orality and prevention that hinders the development of a positive discourse, which, although it should not be used to claim its status as a principle, is capable of opening new paths that are at least worth exploring.