En este texto, propongo leer las movilizaciones feministas de los años recientes como una «revuelta virtuosa» que tiene un fuerte componente ético-político por su capacidad de proponer una vida mejor que se declina no solo como vida vivible, sino como vida deseable, en la medida en que no apuesta solo a resistir al impacto del deterioro de las condiciones de reproducción de la existencia, sino también a reactivar e impulsar imaginarios alentadores de futuro. La hipótesis es que la movilización feminista en las regiones del Sur global impulsa imaginarios de futuro en un momento en el que la aspiración a un futuro deseable parecería haber sido clausurada por un contexto marcado fuertemente por la crisis. Los desafíos aquí no son pocos: las diferencias entre mujeres y la multiplicación de sujetos que puede observarse en las movilizaciones masivas invitan a revisar el problema de la identidad y del sujeto del feminismo. Se trata de saber si siempre es necesario un fundamento ontológico fuerte para un proyecto emancipador. Cuando observamos desde el interior de estas luchas, parece evidenciarse que la deconstrucción de las identidades no implica necesariamente el final de la política. No obstante, sí aparecen una serie de desafíos que hacen necesario ensayar articulaciones y formas de reunión novedosas. De esta última preocupación, nace la idea de una política feminista de lo común, con la que deseo apuntar a un horizonte de futuro esperanzador, no solo para el
In the following pages, I propose reading the feminist mobilizations of recent years as a “virtuous revolt” that has a strong ethical-political component due to its capacity to proposea better life that is not only livable, but also desirable, insofar as it is not only committed to resisting the impact of the deterioration of the conditions for reproduction of existence, but also to reactivating and promoting encouraging imaginaries of the future. The hypothesis of this essay is that feminist mobilization in the regions of the global South promotes visions of the future at a time when the aspiration for a desirable horizon seems to have been closed off by a context strongly marked by crisis. These feminist struggles face a series of challenges that make it necessary to try out new forms of articulation and assembly. From this last concern arises the idea of a feminist politics of the common, with which I wish to point to a hopeful future horizon, not only for feminism, but also for the leftist projects of the 21st century that have left behind the totalizing and unitary narratives that sustained them.