La colonización agraria del franquismo se asentó sobre un campo marcado por la violencia y la represión desde 1936, que restituyó una estructura agraria profundamente desigual. En la posguerra, el Instituto Nacional de Colonización se presentó como un proyecto modernizador, pero operó sobre una realidad de explotación, control y miseria, donde muchos campesinos trabajaron endeudados, con escasos ingresos y en un contexto de hambre generalizada.