El Valle de Cuelgamuros es hoy un bosque joven, denso y aparentemente silencioso, fruto de decisiones políticas del siglo XX. Mirarlo desde la ecología, en el espacio y en el tiempo, abre la posibilidad de resignificar este paisaje más allá de su carga simbólica, incorporándolo como una pieza clave en el mosaico ecológico de la Sierra de Guadarrama. Podría ser un bosque cualquiera, pero no lo es.