La independencia judicial constituye uno de los pilares esenciales del Estado de Derecho, cuyo origen se remonta a los postulados filosóficos de Sócrates, Locke y Montesquieu. Estos pensadores defendieron que el poder debe estar limitado por mecanismos institucionales que impidan su abuso, dando lugar a la teoría de la separación de poderes como garantía de la libertad política. En España, aunque la Constitución de 1978 consagra la independencia judicial en su artículo 117, la reforma legislativa de 1985 permitió que las Cortes Generales eligieran la totalidad de los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), lo que ha derivado en una creciente politización del órgano. Esta situación ha debilitado la capacidad del poder judicial para actuar como contrapeso frente al ejecutivo y ha generado una percepción pública de falta de imparcialidad.
La preocupación por esta falta de independencia ha trascendido el ámbito nacional. Instituciones europeas como la Comisión Europea, el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO) y la Comisión de Venecia han instado a España a reformar el sistema de elección del CGPJ. Estas entidades recomiendan que los jueces elijan directamente a sus representantes y que se garantice la desvinculación de la Fiscalía respecto del poder ejecutivo.
La Resolución del Parlamento Europeo de junio de 2025 subraya que una justicia imparcial y accesible es un principio básico del Estado de Derecho, y exige que los nombramientos judiciales se basen exclusivamente en criterios profesionales, sin interferencias políticas. Esta resolución refleja una creciente inquietud europea ante la erosión de los mecanismos de control institucional en España.
En este contexto, la independencia judicial no debe entenderse como un privilegio corporativo, sino como una garantía fundamental para los ciudadanos.
Su debilitamiento compromete la legitimidad democrática y pone en riesgo la tutela efectiva de los derechos fundamentales.
Judicial independence is one of the essential pillars of the Rule of Law, whose origins trace back to the philosophical principles of Socrates, Locke, and Montesquieu. These thinkers argued that power must be limited by institutional mechanisms to prevent abuse, giving rise to the theory of the separation of powers as a safeguard for political freedom.
In Spain, although the 1978 Constitution enshrines judicial independence in Article 117, the 1985 legislative reform allowed the General Courts to appoint all members of the General Council of the Judiciary (CGPJ), leading to increasing politicization of the body. This situation has weakened the judiciary’s ability to act as a counterbalance to the executive and has fostered public perceptions of a lack of impartiality.
Concerns over this lack of independence have extended beyond national borders. European institutions such as the European Commission, the Group of States against Corruption (GRECO), and the Venice Commission have urged Spain to reform the CGPJ’s selection system. These bodies recommend that judges elect their own representatives and that the Public Prosecutor’s Office be separated from the executive branch.
The European Parliament’s resolution of June 2025 emphasizes that an impartial and accessible justice system is a basic principle of the Rule of Law, and demands that judicial appointments be based solely on professional criteria, free from political interference. This resolution reflects growing European concern over the erosion of institutional checks and balances in Spain.
In this context, judicial independence should not be seen as a corporate privilege, but as a fundamental guarantee for citizens. Its weakening undermines democratic legitimacy and jeopardizes the effective protection of fundamental rights