Barcelona, España
El presente artículo examina la comunicación del cambio climático en TikTok a partir de la percepción de estudiantes de bachillerato en cuatro localizaciones de Cataluña y Valencia con diferentes entornos ambientales, niveles de formación y grados de exposición al riesgo climático. Mediante la realización de cuatro focus groups en los que se proyectaron tres vídeos con formatos y narrativas diferenciadas, se analizaron las emociones, valores y juicios de credibilidad que emergen en la recepción juvenil, así como el potencial movilizador de la plataforma. Los resultados revelan que la proximidad geográfica a eventos climáticos extremos (DANA, temporales e inundaciones) actúa como el principal catalizador de la respuesta emocional y desplaza el interés desde la acción individual hacia la exigencia de responsabilidad política. Si bien los vídeos breves captan la atención, su eficacia depende de lo que los jóvenes denominan «la lengua del terreno»: una demanda de autenticidad y cercanía que prioriza los testimonios de proximidad frente a la comunicación institucional, percibida como rígida y distante. Las diferencias entre los cuatro contextos analizados evidencian que tanto la formación ambiental previa como la vivencia directa del desastre potencian una recepción más crítica y politizada, transformando la ecoansiedad en una demanda de justicia social. En conclusión, el potencial de TikTok para la acción climática no reside únicamente en su estética viral, sino en su capacidad para territorializar el mensaje y articular la emoción con la realidad tangible del entorno local.
This article examines climate change communication on TikTok, focusing on the perceptions of high school students from four locations in Catalonia and Valencia that differ in terms of their environmental settings, levels of education, and exposure to risk. Four focus groups were conducted, during which three videos with different formats and narratives were screened. The resulting emotional responses, values and credibility judgements of the young participants were analysed, as well as the mobilising potential of the platform. The results reveal that geographical proximity to extreme weather events (such as DANA and flooding) is the main catalyst for an emotional response, shifting interest from individual action to demands for political responsibility. While short videos capture attention, their effectiveness depends on what young people refer to as ‘home language’: a demand for authenticity and intimacy that prioritises personal accounts over institutional communication, which is perceived as rigid and distant. Differences between the four analysed contexts show that prior environmental education and direct experience of disaster both promote a more critical and politicised reception, transforming eco-anxiety into a demand for social justice. In conclusion, TikTok’s potential for climate action lies not only in its viral aesthetics, but also in its ability to localise the message and connect emotion to the tangible reality of the local environment.