Antes de materializarse en forma de enormes granjas de servidores, la difusión de la información dependía de una constelación de vendedores de periódicos. A pesar de las condiciones de trabajo a menudo agotadoras y del declive de las publicaciones impresas, los quiosqueros, libreros, dependientes de puntos de prensa, repartidores y distribuidores se esfuerzan por mantener vivos estos lugares.