La estética pragmatista clásica ha sido asociada con frecuencia a la obra seminal de John Dewey de 1934, El arte como experiencia. No obstante, el texto de Dewey no fue el único que abordó la estética y la filosofía del arte desde una perspectiva pragmatista en los primeros años del siglo xx, ni Dewey exploró estas cuestiones en solitario. Este artículo ofrece una nueva interpretación de la historia de la estética pragmatista clásica al resaltar las contribuciones de dos filósofos que, en gran medida, han sido olvidados: George H. Mead y James H. Tufts, quienes formaron parte del mismo contexto académico que Dewey. La inclusión de estos pensadores en el canon de esta tradición permite superar interpretaciones erróneas prevalentes y proporciona una visión más precisa de cómo la estética pragmatista funcionó como un enfoque meto-dológico utilizado por diversos pensadores en sus reflexiones sobre la teoría estética.
Classical pragmatist aesthetics has often been associated with the seminal work of John Dewey from 1934, Art as Experience. However, Dewey’s text was not the only book, nor was Dewey the only philosopher, to explore aesthetics and the phi-losophy of art from a pragmatist perspective in the early 20th century. This article offers a new interpretation of the history of broader classical pragmatist aesthetics by highlighting the contributions of two overlooked philosophers who were part of the same academic context as Dewey, namely George H. Mead and James H. Tufts. The inclusion of these new figures in the canon of this tradition allows for the overcoming of current misconceptions and provides a more accurate perspec-tive on how pragmatist aesthetics served as a methodological approach employed by various thinkers in their treatments of aesthetic theory