En el pensamiento de Descartes encontramos los orígenes de la corriente racionalista, con la cual, la filosofía occidental inaugura una etapa fundamental de su historia. Este autor, parte de un escepticismo extremo con el que pretende distanciarse de la herencia escolástica diseminada en los proyectos reformistas del Renacimiento, para construir una propuesta intelectual incuestionable a través de la aplicación sistemática de un método que, a priori, no da por verdadero ningún contenido más allá de la propia existencia subjetiva en base a su ejercicio mismo de dudar:
«yo pienso, luego soy.» En torno a este principio intuitivo de autoconciencia, pivota todo el proyecto cartesiano que, tomando un fundamento metafísico en la sustancialidad del cogito, se adentra en cuestiones epistemológicas, morales y antropológicas, siempre con la confianza de haber asegurado en su filosofía la victoria ante la duda escéptica.