Una provocación de la primera ministra japonesa en relación con Taiwán ha reavivado la perspectiva de un conflicto en Asia Oriental. A los ejercicios militares chino-rusos responden las maniobras del archipiélago y de su aliado estadounidense. Aunque las demostraciones de fuerza no equivalen a una declaración de guerra, la tensión sigue latente. Para algunos, el enfrentamiento armado entre Washington y Pekín es inevitable.