El avance de la Unión Europea, tanto en competencias como en número de Estados miembros, es por todos conocido. Sin embargo, esta profundización en estos aspectos no ha conllevado la conciencia de la existencia de un pueblo político europeo que acompañe a la Organización y que dé lugar a un texto jurídico similar a una Constitución. Este paso ya se intentó con la non nata Constitución Europea, que allá por el año 2004 la ciudadanía nacional rechazó. Tras haber pasado 20 años, es necesario analizar el contexto sociológico y jurídico de la situación para poder concluir si la Unión debe (o puede) regresar hacia ese camino. Es por ello que tendremos en cuenta tanto la concepción del pueblo europeo, entendido como aquellos ciudadanos europeos que lo conforman, como el propio Tratado que se quería aprobar. El camino natural de la Unión Europea es la unidad, pero el contexto actual no nos hace sentirnos muy cercanos a la posibilidad de volver al paso dado hace años, ya no solo por la Comunidad Internacional, sino por las propias tendencias políticas que los ciudadanos han elegido tomar.