Argentina
Este artículo examina el conflicto laboral en la planta avícola “La China” de Granja Tres Arroyos (en adelante GTA), en Concepción del Uruguay (Entre Ríos, Argentina), como un caso paradigmático de la ofensiva capitalista en el marco de las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei. A partir de entrevistas a trabajadores, análisis de normativas y registros sindicales, se demuestra que, aunque el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) –herramienta heredada de los años noventa– no fue reformado, su aplicación por GTA se legitima en la retórica oficial de flexibilización y reducción de costos laborales, mostrando cómo las viejas normativas se articulan con nuevas condiciones políticas para profundizar la explotación. El caso evidencia que la empresa, propiedad del conglomerado de Joaquín De Grazia, instrumentaliza el PPC para transferir los costos de la crisis a la clase trabajadora mediante precarización contractual, erosión de derechos históricos y flexibilización funcional. Asimismo, el conflicto revela la emergencia de formas de resistencia híbridas que combinan organización obrera tradicional, redes familiares y solidaridades territoriales, tensionando simultáneamente a la patronal y a la burocracia sindical, cuyo alineamiento con la estabilidad empresarial evidencia su rol en la reproducción de la subordinación obrera.
This article examines the labor conflict at the “La China” poultry plant of Granja Tres Arroyos (GTA) in Concepción del Uruguay (Entre Ríos, Argentina) as a paradigmatic case of capitalist offensives within the framework of the labor reforms promoted by the government of Javier Milei. Based on interviews with workers, analysis of regulations, and union records, it demonstrates that although the Preventive Crisis Procedure (PPC)–a mechanism inherited from the 1990s–was not reformed, its application by GTA is legitimized by the official rhetoric of labor flexibilization and cost reduction, showing how existing legal instruments are combined with new political conditions to deepen exploitation. The case shows that the company, owned by the conglomerate of Joaquín De Grazia, instrumentalizes the PPC to shift the costs of the crisis onto the working class through contractual precarization, erosion of historical rights, and functional flexibilization. At the same time, the conflict reveals the emergence of hybrid forms of resistance that combine traditional labor organization, family networks, and territorial solidarities, simultaneously challenging both the employer and the union bureaucracy, whose alignment with corporate stability highlights its role in reproducing workers’ subordination.