Alfredo Martínez Guerrero
El autor reflexiona sobre una cita de Gustave Flaubert, simbolizando momentos de transición histórica sin dioses antiguos ni nuevos, con el hombre solo ante sus desafíos. Se siente afortunado por vivir en un periodo excepcional donde el derecho contenía el poder, fruto de consensos tras catástrofes globales. Sin embargo, este equilibrio se desmorona actualmente prevaleciendo nuevamente la fuerza sobre la ley, evocando una lógica prejurídica en la que, quién tiene poder, manda. Las generaciones actuales entran en un mundo donde pilares como el progreso y la cooperación ya no son evidentes, con la historia sugiriendo que cuando estos relatos caen, la fuerza reemplaza a la razón. Hoy, la hiperconectividad y vigilancia amplifican el poder de los fuertes, limitando a los débiles en una soledad distinta. La civilización amenaza con sucumbir nuevamente ante la fuerza, recordando la importancia de la ley y su frágil conquista.