Una vez que el presidente del directorio, general Primo de Rivera, tomó la decisión de realizar una ma- niobra en el corazón de los Beni Urriaguel y de la recién creada República del Rif, de acuerdo, al fi n, con el Protectorado francés, faltaba la fecha y el lugar elegido para el golpe que resultaría defi nitivo para someter y pacifi car todo el Protectorado; a pesar de ello ya se presumía que sería Alhucemas, centro neurálgico rebelde, y así lo confi rmaban los espías de Abd el-Krim en los puertos de Ceuta y Melilla, debido al trasiego de unidades navales y transportes que se estaban realizando, imposible de disimular totalmente, a pesar del secreto que todo lo envolvía. Alhucemas era un recurrente objetivo de anteriores comandantes Generales, siempre pospuestos, más por motivos políticos que militares.
La línea Estella estaba débilmente protegida de las incursiones de las harkas, debido a la orografía del terreno, con elevaciones importantes en su frente, y profundos barrancos entre sus puestos, que permi- tían al enemigo fáciles y constantes infi ltraciones tras ella, y el trasiego de armamento, para conseguir el sometimiento de las cabilas a espalda de la línea, por convencimiento o por la fuerza, lo que la convertía en una trampa constante. En diciembre de 1924 se consideró fi nalizado el repliegue, tras la entrada de las tropas en Tetuán.
El asedio de Kudia Tahar posee una historiografía bastante consolidada, como consecuencia de los juicios contradictorios que sobre las concesiones de laureadas que en ellas se dieron, y que se publi- caron en los diarios ofi ciales, y a los que se pueden acceder con mayor detenimiento en los archivos militares correspondientes, además de venir refl ejada en numerosos libros y artículos de gran calidad que sobre el Protectorado se han publicado desde entonces.