La utilización del hambre como método de guerra constituye una de las formas más extremas de ins- trumentalización de la población civil. A diferencia de otras tácticas, que afectan a grupos específi cos o a situaciones puntuales, la privación deliberada de alimentos y recursos esenciales ataca directa- mente la supervivencia colectiva, convirtiendo la vida cotidiana en un campo de batalla. El hambre, en este contexto, no es un efecto colateral de las hostilidades, sino una estrategia calculada que bus- ca quebrar la resistencia de comunidades enteras, forzar desplazamientos masivos y ejercer presión política sobre el adversario.