Este artículo analiza la legítima defensa desde una perspectiva neurocientífica, evidenciando la distancia entre la normativa penal y el análisis jurisprudencial respecto a la realidad biológica de la reacción humana ante situaciones de amenaza. Se revisan casos recientes y la jurisprudencia española, destacando la importancia de considerar el estrés de combate y las respuestas neurobiológicas en la valoración judicial. Se propone una adaptación legislativa, que tenga en cuenta la formación, el entrenamiento y las circunstancias concretas del defensor, superando la exigencia abstracta de racionalidad en la elección del medio defensivo. El trabajo aboga por una interpretación más realista y casuística realizando una propuesta legislativa, que integre conocimientos científicos y contextuales para una justicia penal más equitativa.