La trata de seres humanos con fines de explotación sexual sigue siendo una de las formas más graves de vulneración de los derechos humanos en el siglo XXI. Aunque la comunidad internacional ha asumido compromisos firmes -desde el Protocolo de Palermo hasta la Agenda 2030-, la realidad demuestra que, todavía hoy, miles de mujeres y niñas ven amenazada su vida, su integridad y su libertad. Alrededor del 90% de las víctimas identificadas en trata con fines de explotación sexual son mujeres y niñas, siendo la dimensión de género una clave estructural que atraviesa el delito. Las mujeres migrantes se encuentran en situaciones de gran vulnerabilidad social, económica y administrativa, por lo que en muchas ocasiones se convierten en víctimas de trata.