La inmigración ha sido el principal motor del crecimiento y del rejuvenecimiento de la población en España en los últimos años. España necesita a las personas inmigrantes para sostener el modelo de desarrollo. Ellas garantizan la sostenibilidad de sectores como la agricultura, la ganadería, los cuidados, la construcción, la hostelería, la logística o los servicios. Sin embargo, una parte de la sociedad se está viendo influenciada por el discurso del miedo, la desinformación y la manipulación, que presenta a las personas migrantes como una amenaza a la seguridad, la identidad cultural o el bienestar. Se impulsa así el discurso del odio hacia el diferente, incentivando el racismo y la xenofobia. Pero no se rechaza a todas las personas extranjeras por igual, sino sobre todo a quienes llegan en situaciones de vulnerabilidad económica, dando lugar sentimientos de aporofobia.